BIOGRAFÍA

Ana Lena Rivera nació en Oviedo en 1972, aunque vive en Madrid desde hace años. Licenciada en Derecho y Administración y dirección de empresas, desarrolló su carrera profesional en el mundo de los negocios hasta que finalmente decidió dar alas a su gran pasión: la escritura.

Inició su trayectoria literaria con una trilogía noir compuesta por Lo que callan los muertos (2019), que mereció el Premio Torrente Ballester, Un asesino en tu sombra (2020) y Los muertos no saben nadar (2021). Con Las herederas de la Singer (Grijalbo, 2022) y La niña del sombrero azul (Grijalbo, 2024), la autora inauguró una nueva etapa en su andadura editorial, que se afianza con La casa de huéspedes.

ENTREVISTA #ADOLESCENTELECTORA

Hoy os traemos un capítulo más de nuestra sección «Nuestros autores. Conociendo a…» donde nuestra #ADOLESCENTELECTORA entrevista a Ana Lena Rivera. Tuve el placer de conocerla en un evento presentación de su novela «La casa de huéspedes» y es una auténtica delicia escucharla.

¿Por qué te gusta escribir?

No sé por qué me gusta escribir, del mismo modo que no sé por qué me gusta el chocolate.  Es difícil explicar por qué nos apasiona lo que nos apasiona. Solo sé que ambas cosas me gustan desde muy niña. Ya con ocho años escribía mis primeras historias mientras mordisqueaba las onzas gigantes de las tabletas de chocolate a la taza que mi madre usaba para hacer postres. Escribir tiene algo casi terapéutico para mí: me ordena los pensamientos y suaviza la intensidad de mis emociones.

Cuando escribo, me evado completamente; me meto de lleno en la historia, en la documentación. Necesito que todo tenga un punto importante de verdad. Por eso la trama de mis novelas transcurre muy pegada a lo que sucedió y mis personajes se confunden con personas reales. No solo para los lectores, también incluso para mí pues hablo con ellos como si lo fueran. Siempre empiezo con una ficha básica de cada uno, pero después la historia misma los moldea. Sus vivencias los cambia, como nos cambian a todos las circunstancias de nuestra vida. No tendría sentido que un personaje se comportara igual con 20 años que con 60, o que no evolucionara tras atravesar una experiencia impactante.

Eso es lo que me aporta la escritura: la posibilidad de viajar al pasado, de entrar en un mundo distinto, a veces placentero, a veces hostil. Y mientras estoy allí, ni siquiera me acuerdo del presente.

¿Cómo consideras que fue el proceso de mandar tus novelas a editoriales? ¿Mandaste tus novelas a varias editoriales o siempre a la misma?

Cuando decidí que quería ganarme la vida como escritora, me hice un plan para conseguirlo, que duraba el tiempo en el que me podía permitir intentarlo, pues si se alargaba más debía volver a mi profesión anterior. Me tomé como un trabajo exigente el hecho de buscar editorial.

Como venía del mundo empresarial, del entorno de las multinacionales, realicé una especie de estudio estratégico del sector editorial en España. Identifiqué qué editoriales podían ayudarme a cumplir mi propósito: llegar a los lectores para que pudieran conocerme y decidir por sí mismos si querían leerme. Porque una cosa es publicar y otra llegar a los lectores y no todas las editoriales pueden ofrecerte lo segundo.

Una vez hecho ese análisis, investigué qué agencias literarias trabajaban con las que seleccioné y cómo se podía acceder a ellas. También me informé sobre concursos literarios que podían servirme como vía de entrada. Con todo eso, preparé un envío masivo con tres patas: agencias, editoriales y concursos literarios.

También me marqué un plazo para conseguirlo, pues dejé mi trabajo para dedicarme a la escritura, pero no podía estar indefinidamente esperando resultados porque no me lo podía permitir económicamente. Como la mayoría de nosotros, yo también tenía que seguir comiendo y pagando facturas. Afortunadamente, al final del plazo que me di, me concedieron el Premio Torrente Ballester. Ese fue el punto de inflexión. A partir de ahí, se me abrieron las puertas tanto de agencias como de editoriales.

Podía no haberlo conseguido, y probablemente hoy seguiría trabajando en el mundo empresarial, pero salió bien. Y aquí estamos, con la sexta novela y más de 250.000 lectores.

¿Qué tipo de libros prefieres leer, la trama? ¿Y escribir?

Leo muchas cosas diferentes, unas por placer y otras por trabajo. Siempre me ha gustado mucho la novela policiaca, quizá porque los primeros libros «de adultos» que leí —más allá de los TBOs— fueron de Agatha Christie. En mi casa había una colección completa, así que empecé por ahí. Por eso, cuando comencé a escribir, también elegí ese género.

Con el tiempo, sin embargo, me di cuenta de que lo que más me atraía no eran tanto las tramas en sí, sino la parte humana: la psicología de los personajes, sus motivaciones, sus contradicciones. Me interesa encontrarme con personajes que percibimos como auténticos, con sus matices, sus luces y sus sombras.

Me enganchan los libros muy cercanos a la realidad. Cuanto más se alejan de la vida cotidiana —cuando entran en lo épico o en la fantasía—, menos me atrapan. Supongo que por eso Agatha Christie me enganchaba tanto: por su capacidad de retratar la naturaleza humana, más allá de las tramas de misterio. Así, después de escribir tres novelas policiacas, sentí la necesidad de construir personajes que resultaran reales, cuyas vidas estuvieran enmarcadas en la sociedad y el momento histórico que les tocó vivir. Esas historias ya no encajaban en el género policiaco, así que di el salto hacia una narrativa más general: una especie de crónica social del siglo XX, o narrativa histórica, según cómo se quiera etiquetar.

También leo muchos libros sobre psicología humana, precisamente porque me ayudan a definir personajes con toda la complejidad que implica ser humanos.

¿Antes de empezar a escribir habías pensado en esta posibilidad, en ser escritora?

Claro, pienso en ser escritora desde los ocho años, que fue cuando empecé a escribir. Es verdad que, por entonces, también soñaba con ser detective o con otras profesiones, como cualquier niño de esa edad. Pero una cosa es lo que uno desea, y otra muy distinta es lo que realmente puede hacer. El “si quieres, puedes” suena muy bien, pero no siempre es inmediato ni, a veces, realista.

Yo me dediqué a otra profesión durante muchos años, porque una cosa es ser escritora, y otra diferente es ser escritora profesional. Yo considero que soy escritora desde niña —como también son escritores muchos otros que escriben y publican sin dedicarse a ello profesionalmente—, pero convertirse en escritora profesional implica que tu trabajo es escribir y que puedes ganarte la vida con ello. Y eso me costó casi cuarenta años y varios cursos de formación en técnica literaria porque estaba decidida a que, si algún día llegaba la oportunidad, me pillara preparada para dar el salto.

¿Compaginas tu trabajo de escritora con otro tipo de trabajo?

Casi lo he respondido en la pregunta anterior: no, mi profesión es ser escritora.

Durante un tiempo (correspondiente más o menos a las primeras tres novelas) estuve dando clases en la Escuela de Escritores, trabajando con autores que ya habían escrito una o varias novelas e incluso publicado alguna de ellas y que querían hacerse visibles en el mundo editorial, es decir, llegar a los lectores. Deseaban convertir su vocación de escritores en su profesión.

Durante el tiempo que estuve buscando editorial, agencias y oportunidades, hice una investigación bastante profunda sobre el sector editorial. Quería entender cómo funcionaba todo, pero me resultó difícil orientarme.

Por eso, cuando empecé a publicar, pensé que sería genial poder ayudar a otros escritores a ver con más claridad ese camino, sin que tuvieran que hacer todo el trabajo previo que hice yo, que me resultó bien farragoso y eso que, viniendo del mundo empresarial, en teoría debía resultarme más fácil recabar e interpretar la información que necesitaba.

Dar clases y mentorizar a compañeros escritores que buscan su lugar en el sector editorial fue una experiencia tremendamente satisfactoria, y me encantaría retomarla algún día, porque realmente la disfruté. Pero, de momento, no puedo compatibilizar la exigencia del trabajo de escritora con la docencia, no me llega el tiempo. Si en algún momento lo consigo, sin duda volveré a hacerlo.

¿A base de que surgió tu inspiración para escribir novelas? ¿Qué te motivó? 

Supongo que la inspiración para escribir una novela tiene el mismo origen para todos: tener una historia que contar y desear contarla. La mía son los relatos sobre las vivencias propias y ajenas que escuchaba a los mayores en lugares diversos, como el taller de costura de mi tía —en el caso de Las herederas de la Singer— o en el hostal de mis tíos —como en La casa de huéspedes, por citar algunos. Por eso, aunque mis protagonistas son personajes de ficción, sus vivencias están basadas en hechos reales que les ocurrieron a diferentes personas, a unas pocas o a cientos de ellas, en distintas épocas.

En mis libros no hay épica en el sentido clásico: no hay aventuras extremas ni hazañas sobrehumanas.  Mis novelas están protagonizadas por personas normales y corrientes que vivieron en tiempos convulsos, durante siglo XX. Muchas de ellas nacieron antes de la guerra o durante la posguerra, y les tocó vivir momentos muy duros, los mismos que vivieron nuestras abuelas o bisabuelas. Las protagonistas de mis novelas fueron heroínas sin proponérselo, sin desearlo, simplemente porque no les quedó otra opción. Convirtieron el dolor en fuerza para poder sacar adelante a los suyos.

Mi propósito como escritora es dar voz a esas generaciones que quedaron en el anonimato de la Historia con mayúscula. Esa es mi gran motivación: que sus vidas, sus heroicidades y sus logros, sean conocidas por quienes vivimos hoy y, quizás, también por quienes vengan después porque fueron ellas las que soñaron para nosotros una vida mejor como la que tenemos hoy.

¿Dónde prefieres escribir? ¿Tienes un lugar favorito para hacerlo?

Escribo en mi despacho. Tengo un horario laboral como cualquiera y, como buena autónoma, dedico a mi trabajo jornadas largas, incluso fines de semana.

También hay épocas en las que estoy en promoción y me toca viajar —forma parte de esta profesión—, pero cuando lo que toca es escribir, releer, corregir… lo hago en mi despacho, con un horario fijo que, en muchas ocasiones, se alarga más de lo previsto.

¿Los protagonistas son personas reales o inventados? 

En mis novelas utilizo personajes de ficción y hechos reales. Todo lo que les ocurre a los protagonistas son vivencias reales, pero que no les sucedieron a la misma persona. Es decir, aglutino experiencias auténticas en personajes inventados y los inserto en el marco histórico en el que tuvieron lugar. Me apoyo tanto en los grandes acontecimientos —la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, la posguerra, la Transición— y en otros menos conocidos para el gran público, como en los detalles cotidianos, el costumbrismo, que se refleja en los pequeños datos: desde los zapatos que se usaban, las bebidas que se tomaban, los programas de radio, o las canciones del momento.

¿Para qué público está enfocado lo que escribes?

Escribo para un público adulto, a partir de los 40 años. Muchos lectores comentan: “Esto deberían leerlo los jóvenes, para que sepan de dónde venimos, para que entiendan cómo fue la vida de nuestros antepasados recientes”. Y tienen razón, aunque también creo que, en general, a los jóvenes, decididos siempre a cambiar el mundo, les interesan más las historias que ocurren en el presente e incluso en el futuro, igual que me sucedía a mí cuando tenía 20 años. Están en la etapa de descubrir, de investigar, de imaginar, y ya les llegará el momento de mirar hacia atrás. Como nos llega a todos.

A partir de los 40, lustro arriba, lustro abajo, solemos empezar a mirar la vida con una perspectiva de continuidad. Nos situamos como un eslabón más dentro de una cadena y comenzamos a entender el valor de lo vivido por quienes nos precedieron. Vemos lo que superaron nuestros antepasados, lo que hemos avanzado nosotros y, con un poco de visión, también intuimos los logros que alcanzarán las generaciones más jóvenes.

¿Usas mucho las redes sociales para hablar de tus novelas? ¿Cuáles usas y cuál te gusta más?

Las uso y las agradezco porque me dan la oportunidad de estar en contacto con los lectores. Es como abrir una ventana al mundo y encontrarme con otras personas con las que comparto la pasión por la lectura. Son una herramienta maravillosa para contrastar las opiniones, sensaciones, recuerdos y emociones que nos despiertan los libros.  Cuando yo era mucho más joven me pasaba el día leyendo, pero ni siquiera imaginaba la posibilidad de entrar en contacto con mis autores favoritos. Y supongo que ellos sentían un aislamiento que yo no sufro, precisamente gracias a las redes.

Por supuesto no es igual una conversación vía redes que una presencial, no tiene nada que ver, pero al menos nos permiten comunicarnos con cualquier lector, esté donde esté. Incluso celebrar clubes de lectura con personas que viven en otros países, ya que la tecnología nos habilita participar en encuentros virtuales que, de otro modo, serían imposibles.

Normalmente utilizo Instagram, y también Facebook, porque es ahí donde encuentro a mis lectores, ya que es con ellos con quienes quiero pasar un buen rato.

Y para finalizar una serie de preguntas para completar con 1 o dos palabras:

Tu fuente principal de inspiración … Las generaciones anteriores.

Lugar preferido para escribir… Mi despacho.

¿Prefieres el día o la noche?… El día.

¿El silencio o algún sonido de fondo?… Silencio.

¿Mar o Montaña?… La montaña que llega al mar, como en Asturias, mi tierra.

¿Libro electrónico o libro en papel?… Papel, siempre papel.

¿Tienes alguna superstición?… Ninguna, pero estoy firmemente convencida de que con cada mentira que decimos, cada parte de nosotros que rechazamos, con cada acto de maldad hacia nosotros mismos o a hacia otros, hay una niña en algún lugar dentro de nosotros que llora y se siente desgraciada.

Tu sueño como escritor… Que cuando mis lectores pasen por un momento difícil de superar encuentren refugio, apoyo y alivio en mis novelas.

Tu escritor/a favorito/a… Dolphine de Vigan

Tu grupo de música/artista favorito… Me gusta mucho bailar así que adoro a Carlos Vives, Jennifer López, Gente de Zona, Shakira o Juan Luis Guerra, que hace ya décadas que desplazaron a mis grupos adolescentes como Duncan Dhu o Los Secretos.

Personaje Literario preferido… Hay una dura lucha por el primer puesto entre Jo, de Mujercitas, el Dr. Watson y Miss Marple.

Película favorita… Una comedia y un drama: Vaya ruina de función y Lo que el viento se llevó.


La novela que te hizo llorar… No soy capaz de elegir entre El color púrpura (Alice Walker) y Nada se opone a la noche (Dolphine de Vigan).


Novela con la que más te divertiste… Con cualquiera de las comedias de David Sinfer.


Viaje que siempre recordarás… El primero con mi hijo, el primero con mis amigas, el primero con mi marido,  el Camino de Santiago, …

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